Por Martín Hernández Vega
Inevitable que existan casos de corrupción en los gobiernos, al menos en México. Eso no significa que esté generalizada.
El «trabajo» de algunos columnistas es insistir en narrativas con el objeto de que un día, cualquiera, en el momento de mayor molestia de parte de personas o grupos políticos, se enganchen con los casos de corrupción que se dan, pero que no son la regla.
Apelar al sentimiento de cansancio o escándalo es fácil para los delincuentes textuales que nunca los hemos visto de servidores públicos pero si servirse
de ellos.
No sé pueden negar las razones por las cuales nos molestan los casos en que se daña al herario o se detiene a algún funcionario público, como el Presidente Municipal de Tequila Jalisco, pero la constante en México, a partir del 2018, ha Sido la mejora en condiciones laborales y de movilidad social en cada uno de los sectores económicos y políticos.
Sumar granos de maíz para llenar un costal, es la tarea que tienen muchos de estos «libres» pensadores; son los mineros del rey Salomón. Un rey Salomón a quien le hemos quitado de sus minas.
La corrupción ya no es la regla. Los cambios siempre son combulsos, pero los cambios se notan más cuando hay mejoras.